De mi estado actual de cosas
he comprendido que no todo tiene cabida.
Por ejemplo, los partidos de fútbol
con cerveza y patata frita
pasaron a mejor vida,
las reuniones con chicas y chicos,
incluso si son mi familia,
y los paseos nocturnos
buscando en bares homilías.
No, ya no hay espacio
en mi soledad, en mi templo,
y lo que protesta por ello
me importa, sinceramente, tres cuernos.
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