Ya estamos en el cielo,
o en el infierno
(depende del lado
en el que usted se encuentre)
porque Dios ha creado
el uno dentro del otro
y el otro dentro del uno,
para que, pareciendo estar en el primero
no se abandone el segundo,
y para que, saliendo del segundo,
no se aleje de las llamas el corazón,
así hasta que el último espíritu se dé cuenta,
así hasta que todos seamos,
por su gracia, de nuevo, Dios,
y ya sin posibilidad
de una futura caída en el abismo.
(Fragmento no escrito
del viaje de retorno de Dante,
o de cualquiera de nosotros,
del fuero <fuego> de su mente al corazón.
O como diría el propio abismo:
¡Huye! ¡Huye de todo laberinto, alma buena!
Pues saliendo de todo laberinto
se halla, sin moverte del sitio,
justa, tu liberación).
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