Uno de mis sitios preferidos, en mi pueblo, ahora en verano, sobre todo cuando salgo a pasear a una hora tan recia de calor, es un parque que hay junto a mi casa, rodeado de setos y árboles, con buena sombra y la compañía de múltiples aves, casi todas pequeñas, curiosas y de bello plumaje. La única cuestión disociativa es que al lado se encuentra una farmacia... Pero hasta esto lo doy por bueno solo con pensar que, Dios, en su infinita creación, me ha inspirado bajo un plátano de sombra la posibilidad de dar pie a un nuevo poemario. He escrito, llevado por esta feliz idea, seis o siete poemas, que más tarde pasaré a compartir con todos y todas. No lo hago ahora porque no deseo abrumaros con tanta insistente literatura. Pero sí os diré que el poemario se titulará, se titula ya, de hecho: Versonidina, farmacología gratuita. Y os dejaré una muestra del trabajo. Aquí va el poema número seis (o el cinco, que ahora no bien recuerdo):
Que los poemas
curan
es una verdad
como un templo,
que cura el
arte, la cultura,
como buen
medicamento con prospecto.
Solo que hay
que aprender a leer
su posología.
A saber,
¡vuélvase usted artista!
Tome así de la
creación cuanto necesita,
y, una vez que
se cure,
recuerde que no
hay mal que cien años dure,
y que esta es
la cuestión relativa
que más nos
hace enfermar,
pues cuando se
está en brazos de la poesía
todo es salud y
felicidad.
¡Genial!
ResponderEliminarUn abrazo, Héctor.