Demasiados estímulos externos
construyen en la mente mil caminos
y hacen de la mente laberinto
del que solo escapan sabios y expertos.
Demasiados estímulos -digo-
¿y no será mejor hallar abrigo
en un rincón sereno del alma?
Recluirse no es para huir del tiempo,
es para encontrarse en un abismo
más cierto que la nada,
y así regresar, una vez creado palacio,
a la vida comunal,
a saludar a tu vecino,
ya no con un saludo vacío,
sino con una espiral de sentido
que puebla las montañas
y hace océanos los ríos.
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