Política de la confrontación:
¡Que me la chupen!
¡Que me la chupen
todos mis adversarios!
Versus política para el amor:
Compañeros, enemigos,
dejemos a un lado disputas,
¡mirémonos con el corazón!
Y si alguno, tras con el alma mirarse,
se sintiera mi adversario,
sepa otorgarme perdón.
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