Hoy, después de haberme acostado
con el teléfono junto a la almohada,
me he despertado con un número
marcado en la pantalla.
Decía el celular,
como si yo estuviera a punto de llamar:
seis, seis, seis…
Lo juro, que no es una invención.
Pero, la verdad,
no sé cómo interpretar
esta feliz circunstancia,
pues, más que creer en la llamada de la bestia,
hecha por mí, o recibida de ella,
tiendo a pensar
que yo mismo soy ella
y que estoy,
bajo toda condición,
destinado a someterla,
a educarla y acogerla…
Seis, seis, seis
-decía mi celular,
y yo leí-:
amor, amor, amor…
¿Casualidad? Nunca lo sabremos.
ResponderEliminarUn beso, Héctor.